Capacitar a las mujeres para que puedan protegerse: promoviendo el preservativo femenino en Zimbabwe

 

Cuando el  emergió en los años 80 afectaba principalmente a los hombres. Hoy, según las cifras de , las mujeres representan cerca de la mitad de las 33 millones de personas que viven con el  en todo el mundo, y el 60% de las personas infectadas en África subsahariana. La mayoría de estas mujeres se infectaron por el virus manteniendo relaciones heterosexuales, en muchas ocasiones, al practicar sexo sin protección con sus esposos o parejas estables.

“Las mujeres piensan que el matrimonio es un refugio seguro”, afirma Beauty Nyamwanza, del Consejo Nacional de Sida de . “Creen que cuando alguien se casa no necesita preocuparse por el VIH”. Las mujeres casadas a menudo temen pedir a sus maridos que utilicen el preservativo (o utilizarlo ellas mismas) porque implica que ponen en duda la fidelidad de sus esposos.

Gracias al trabajo de Nyamwanza y de otras personas, Zimbabwe es uno de los pocos países que ha sacado provecho del  y realizado grandes incursiones en la promoción de su uso. El último preservativo, llamado FC2, es una funda de nitrilo, sólida y flexible, de unos 17 centímetros (6,7 pulgadas), que tiene un anillo flexible en cada extremo. El extremo cerrado se inserta en el cuerpo de la mujer mientras que el abierto permanece fuera durante el acto sexual. Al igual que el preservativo masculino, ofrece una doble protección tanto frente a los embarazos no deseados como a las infecciones de transmisión sexual, inclusive el VIH. Además, tiene una ventaja esencial: es la única tecnología de prevención del VIH disponible en la que las mujeres pueden tomar la iniciativa y controlar su uso.

Aquellos que promueven el uso de preservativos en Zimbabwe sugieren que las mujeres casadas presenten el preservativo femenino como un método para espaciar los embarazos. De esta manera no surge el problema de que pueda parecer que la mujer acusa a su marido de tener otras parejas y exponerla a un riesgo de infección.

“Dar a las mujeres el poder para que se protejan puede revertir el curso de la epidemia de SIDA”, afirma Bidia Deperthes, que encabeza la iniciativa del programa integral de preservativos del UNFPA. “Pero todavía queda un largo camino que recorrer”. El principal obstáculo, en su opinión, es la financiación de los programas. Aunque la mayoría de los donantes aportan voluntariamente recursos esenciales, como los preservativos masculinos y femeninos, se destina poco dinero a establecer las bases necesarias para fomentar la sensibilización y la demanda, así como para formar a las mujeres sobre cómo usarlos correcta y sistemáticamente. “Todo forma parte de un conjunto integral de medidas”.

 


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