Disfunción sexual en personas con VIH

Las disfunciones sexuales constituyen un problema muy frecuente entre las personas con VIH. Se calcula que entre un 20 y un 70% de las personas seropositivas experimentan algún tipo de estas disfunciones, entre las que destacan una disminución del deseo sexual y dificultades para lograr la erección, la eyaculación o el orgasmo.

Algunos de los factores potencialmente implicados en estos trastornos son los problemas psicológicos que pueden asociarse a la infección, el propio VIH, el uso de ciertos medicamentos antirretrovirales [algunos estudios han sugerido que el empleo de inhibidores de la proteasa podría generar disfunción sexual] y el déficit de testosterona (que puede afectar a la libido tanto de hombres como de mujeres).

Mientras que en el caso de los varones existen diferentes fármacos para tratar la disfunción eréctil, como sildenafilo (Viagra®), vardenafilo (Levitra®) o tadalafilo (Cialis®), no hay ningún medicamento comercializado capaz de solucionar la pérdida de libido femenina.

El desarrollo de un nuevo fármaco en fase de investigación, llamado fiblanserina, parecía estar destinado a cubrir este vacío terapéutico, pero un Comité Asesor de la Agencia de la Alimentación y el Medicamento de EE UU [FDA, en sus siglas en inglés] ha concluido que, a la luz de los resultados de los estudios llevados a cabo por Boehringer Ingelheim -compañía propietaria del fármaco-, el medicamento no proporciona suficientes beneficios respecto a placebo en el tratamiento de la ausencia de libido en las mujeres.

Flibanserina, originariamente diseñada para el tratamiento de la depresión, difiere de forma notable en su mecanismo de acción de los fármacos para tratar la disfunción eréctil masculina, cuya eficacia se basa en la capacidad para dilatar los vasos sanguíneos.

La decisión del Comité Asesor se sustentó en el análisis de dos estudios prospectivos, de distribución aleatoria y a doble ciego, que compararon dos dosificaciones de flibanserina con placebo en mujeres premenopáusicas con deseo sexual inhibido durante 28 semanas.

Los ensayos examinaron los cambios en el número de relaciones sexuales satisfactorias respecto a un período de 4 semanas previo al inicio del estudio. También se evaluaron los cambios en el deseo sexual, según las puntuaciones facilitadas por las participantes. De hecho, debido a la subjetividad de los datos analizados, éstos fueron registrados por las voluntarias a través de diarios electrónicos personales.

En ambos estudios, los grupos con flibanserina mostraron una mayor puntuación en el número de relaciones sexuales satisfactorias (una mejora de 1,6 puntos en el grupo con flibanserina y una de 0,8 con placebo; p= 0,005). Además, entre un 30 y un 40% de las mujeres que tomaron este fármaco experimentaron un mayor número de relaciones sexuales satisfactorias, mientras que con placebo el porcentaje osciló entre un 15 y un 30%.

A pesar de tratarse de diferencias significativas, el Comité Asesor no consideró suficientes las mejoras para demostrar la eficacia del fármaco, ya que valoró negativamente el hecho de que ninguno de los dos estudios lograra mostrar diferencias significativas en las puntuaciones relativas al deseo sexual.

Las reacciones adversas más comunes con flibanserina fueron mareos y náuseas. Un 15% de las voluntarias que tomaron el fármaco abandonaron el tratamiento debido a los efectos secundarios, mientras que en los grupos con placebo el porcentaje fue del 7%.

Ante estos decepcionantes resultados y la falta de alternativas terapéuticas, es importante el desarrollo de fármacos destinados al tratamiento de la falta de libido femenina, puesto que la sexualidad forma una parte irrenunciable de la calidad de vida de las personas.

Fuente: gTt-VIH


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