Capacitar a las mujeres para que puedan protegerse: promoviendo el preservativo femenino en Zimbabwe

Cuando el SIDA emergió en los años 80 afectaba principalmente a los hombres. Hoy, según las cifras de ONUSIDA, las mujeres representan cerca de la mitad de las 33 millones de personas que viven con el VIH en todo el mundo, y el 60% de las personas infectadas en África subsahariana. La mayoría de estas mujeres se infectaron por el virus manteniendo relaciones heterosexuales, en muchas ocasiones, al practicar sexo sin protección con sus esposos o parejas estables.

“Las mujeres piensan que el matrimonio es un refugio seguro”, afirma Beauty Nyamwanza, del Consejo Nacional de Sida de Zimbabwe. “Creen que cuando alguien se casa no necesita preocuparse por el VIH”.

Sin embargo, lo que el equipo nacional de prevención del SIDA descubrió es que el matrimonio puede realmente aumentar el riesgo que corren las jóvenes de contraer el VIH. Según un estudio realizado en Kenya y en Zambia en 2004 , el matrimonio aumenta la frecuencia de las relaciones sexuales y dificulta la capacidad de la mujer de negociar el uso del preservativo o de negarse a practicar sexo. Las mujeres casadas a menudo temen pedir a sus maridos que utilicen el preservativo (o utilizarlo ellas mismas) porque implica que ponen en duda la fidelidad de sus esposos.

Zimbabwe es uno de los pocos países que ha sacado provecho del preservativo femenino y realizado grandes incursiones en la promoción de su uso. Al igual que el preservativo masculino, ofrece una doble protección tanto frente a los embarazos no deseados como a las infecciones de transmisión sexual, inclusive el VIH. Además, tiene una ventaja esencial: es la única tecnología de prevención del VIH disponible en la que las mujeres pueden tomar la iniciativa y controlar su uso.

Aquellos que promueven el uso de preservativos en Zimbabwe sugieren que las mujeres casadas presenten el preservativo femenino como un método para espaciar los embarazos. De esta manera no surge el problema de que pueda parecer que la mujer acusa a su marido de tener otras parejas y exponerla a un riesgo de infección.

“Estudios demuestran que para que las mujeres acepten y utilicen este producto necesitamos implicar también a los hombres”, afirma Margaret Butau, del Consejo Nacional de Planificación Familiar. “Adaptamos los beneficios del preservativo femenino según el grupo al que nos dirigimos”. Entre los puntos que se resaltan específicamente a los hombres está el hecho de que el preservativo femenino no oprime como el masculino, tiene menos probabilidades de romperse, no necesita que el pene esté erecto para utilizarlo y puede aumentar el placer para ambas partes de la pareja. Además, no es necesario retirarlo inmediatamente tras la eyaculación. Finalmente, también puede verse como una responsabilidad de la mujer. “Cuando resaltamos estas cuestiones descubrimos que los hombres tienen curiosidad por que sus parejas prueben el producto”.

Fuente: ONUSIDA


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